Pero, la verdad es que admiro como discurres y piensas hablando del mundo. Cómo manejas las palabras, cómo organizas situaciones, mapeas personajes y conectas, finalmente, todo.
Y me enamoré de ti porque mi mente estuvo preparada para recibir tu ideas y quizás darte a pensar las mías.
Te admiro. Porque en el cuerpo y en la mente sabes fundir la lealtad al trabajo duro con la lealtad al ingenio. Y no mueres en el intento.